martes 7 de junio de 2011

Gobernados por la codicia [off topic - política]

Antes de comenzar la entrada quiero decir que me lo he pensado dos veces antes de pronunciarme sobre política en este blog, que intento dedicar a lo que yo creo que es ciencia (tal vez es una visión muy optimista de mi actividad). Finalmente he decidido ponerlo, porque es lo que realmente pienso de lo que tenemos y lo que viene. Así que ahí va:

De pequeño me enseñaron que nuestra forma de gobierno es la Democracia (sí, yo nací recién comenzada “la transición”). Si buscamos el significado de la palabra “Democracia” en el RAE nos devuelve dos acepciones:

1 - Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno.

2 - Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado.

No hace falta que me esfuerce en convenceros de que esta definición no se ajusta a nuestra forma de gobierno actual. “Intervención del pueblo en el gobierno” o “predominio del pueblo en el gobierno” son conceptos característicos de la democracia que simplemente no se dan en nuestro “sistema”. La “democracia” que dicen que tenemos no es más que una triste y degradada parodia de si misma. No participamos de ningún modo en nuestra forma de gobierno. Y si alguien cree que depositar un trozo de papel con un nombre en una urna es participar en nuestro gobierno, peca de optimista.

La conducta humana que más influye en esta parodia de democracia es la codicia (en su primera acepción: afán excesivo de riquezas). La codicia de las empresas y los políticos dirige nuestros gobiernos, y esta situación es realmente cruel, porque la codicia mantiene un conflicto histórico con la necesidad.

En nuestros días el esquema de este conflicto es sencillo: las grandes empresas codician nuestro dinero, mientras que el estado (y me refiero a “nosotros”, las personas que lo constituimos) lo necesita para proporcionarnos los servicios esenciales (educación y sanidad). Pero las grandes empresas aprovechan la codicia para influir en los políticos que gobiernan los estados. Les prometen regalan grandes puestos directivos y abultados salarios a cambio de escaso trabajo. De esta forma los servicios esenciales acaban en manos de las empresas.

Pero las empresas están ahí para conseguir un (amplio) margen de beneficios. Cuando no hay alternativas en el proveedor de los servicios, la consecuencia es clara: la empresa puede incrementar su margen subiendo tarifas y disminuyendo la calidad del servicio. Y eso deja fuera del sistema a aquellos que lo necesitan, pero no pueden pagar las tarifas.

Y así llegamos a un mundo de mierda en el que si tienes pocos recursos la deficiente formación y los problemas de salud no tratados se hacen hereditarios (ya hay sitios así). Paradójicamente, la única salida que te queda es hacerte político (al menos eso no requiere formación).

Se proponen desde distintos foros muchas medidas para mejorar nuestro sistema de gobierno, con énfasis en la transparencia, en la participación ciudadana, en la optimización de los recursos, etc. Pero creo que el problema de fondo está en la codicia. Y la codicia es fácil de alimentar, pero tan difícil de combatir como cualquier otro sentimiento humano, como el amor o el odio, por irme a dos extremos. La codicia puede combatirse a largo plazo, educando a nuestros (vuestros) hijos en los valores opuestos: bondad, altruismo, y todas esas otras palabras bonitas con las que describimos nuestro lado más amable y social. Pero no veo que eso esté teniendo lugar, y me da asco lo que viene después.

1 comentarios:

trotalomas dijo...

En primer lugar, me alegra que hayas decidido publicar finalmente esta entrada. Creo que un blog, salvo que sea simplemente una herramienta de comunicación destinada a publicar información sobre un tema muy concreto, siempre se ofrece a escribir entradas así. En ocasiones son más que necesarias.

Dicho lo cual, me sumo a tu visión pesimista sobre el futuro que nos espera. Estamos en manos de esa abstracción que han dado en llamar, curioso eufemismo, "mercado", y el mercado (más comunmente usado en plural) es el que marca las reglas. No los ciudadanos y sus necesidades, no los científicos y sus descubrimientos y avances. No los que en último término deberíamos decidir democráticamente.

Al final "aprenderemos" como siempre, dándonos la hostia (y perdón por la expresión) cuando choquemos contra el suelo, duro y árido, que estamos preparando. Puede que entonces nos salvemos como especie (y está por ver, siguiendo el camino que estamos trazando) pero nos habremos perdido como seres humanos.

Un abrazo y ánimo.